Paredes de la Esperanza / La Escuela de Arte y Taller Abierto de Perquin

El Pincel es como un Candela

“El pincel es como una candela, tiene luz en una punta.”
Doña Elena, Nebaj.

El Arte Recupera la Memoria y Demanda Justicia

Claudia Bernardi

En Octubre 2006, recibí un llamado de Franc Kernjak, de ECAP, Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial, proponiendo que fuera a Guatemala en 2007 para desarrollar un proyecto de arte con sobrevivientes de masacres.

Intrigada e inspirada por la propuesta le sugerí a Franc que viniera a Morazán, El Salvador, para que conociera el trabajo comunitario que estamos haciendo a través de la Escuela de Arte y Taller Abierto de Perquin para que pudiera evaluar personalmente si “el modelo Perquin” era pertinente y transferible para ser implantado en el marco de la conferencia que se iba realizar en Febrero en Guatemala.

Franc vino a Perquin acompañado por Olga Alicia Paz quien ha trabajado por mucho tiempo con mujeres víctimas de violencia sexual como resultado del conflicto armado en Guatemala. En el fin de semana que compartimos en Perquin, llevamos a Franc y a Olga Alicia por un tour de arte mostrándoles los murales y los trabajos de arte publico que se han desarrollado en Morazán desde 2005. Franc y Olga Alicia se fueron impresionados por el número y escala de los trabajos pero también por el nivel de resolución plástica con el cual estaban resueltos. Franc y Olga Alicia nos confirmaron que este modelo de arte comunitario y colaborativo con el cual trabajamos en Perquin , se podría transferir a las comunidades con las cuales ECAP trabaja.

El Primer Congreso Internacional de Trabajo Psicosocial en Procesos de Exhumaciones, Desaparición forzada, Justicia y Verdad, se desarrollo en Antigua Guatemala, entre el 21 y el 23 de Febrero de 2007.

Organizaciones de derechos humanos y expertos en el área de trabajo psicosocial de todo el mundo participaron en esta conferencia que tenía como mandato discutir y compartir experiencias relacionadas al proceso de acompañamiento de la búsqueda de personas desaparecidas focalizandose , especialmente en el proceso pre y post exhumaciones de tumbas comunes en casos de investigación de violaciones de derechos humanos contra población civil.

ECAP dice:

– “Desde 1998 ECAP ha desarrollado actividades psicosociales en el proceso de la búsqueda de desaparecidos, incluyendo apoyo psico social durante más de 70 exhumaciones en Guatemala. Basados en esta experiencia, nosotros creemos que tanto los sobrevivientes como las familias de las víctimas merecen ser acompañados durante estas investigaciones,( por ejemplo: en investigaciones antropológicas, históricas y forenses) y la documentación de la violencia cometida en el marco del conflicto armado. Además, la sociedad en general debería proveer de los elementos necesarios para ayudar a interpretar la dinámica de las consecuencias de la violencia y sus manifestaciones concretas. En ese sentido, ese trabajo propone reducir el impacto de la violencia en el pasado, presente y futuro.

La Escuela de Arte y Taller Abierto de Perquin, fue invitada por ECAP para compartir con los integrantes de este proyecto las estrategias que nos han permitido construir arte en Morazán, basado en el reconocimiento de trauma comunitario y de la recuperación de la memoria histórica.

América Argentina Vaquerano, (Dina), Claudia Verenice Flores Escolero y yo, llegamos a Antigua, Guatemala con nuestro equipaje lleno de pinturas y materiales de arte. Nuestra contribución en el marco de la conferencia sería la creación de un mural. Los participantes de este proyecto comunitario y colaborativo serían sobrevivientes de masacres de cinco localidades de Guatemala.

Un grupo de 15 personas llegaron de regiones distantes: Don Juan Francisco y Domingo Caba vinieron de Estrella Polar, Nebaj. Don Luis y Don Santiago llegaron desde Chajul y Quiche, Doña Elena y Jacinta vinieron de Nebaj y de Ixcan. Doña Margarita y Gloria de Chimaltenango. Andrea, Maria, Marcelina, Paulita y Anabella, venían desde Rabinal, Baja Verapaz. El grupo estaba conformado también por Lydia Yok, Otilia y Pedro, tres “capacitadores” de ECAP.

Hablaban sus idiomas indígenas, únicos y ancestrales. Llegaban desde sus tierras distantes, expandiéndose geográficamente desde las montañas y los climas de altura hasta las zonas tropicales de la zona central de Guatemala. Los “huipiles”, textiles bordados frecuentemente por la mujer que los usa, narraban en colores y símbolos las historias de sus comunidades. Se puede discernir a que región pertenece una persona por los colores y diseños de sus ropas. El grupo que se conformó como colaboradores en la creación del mural era variado en términos de su origen, de sus idiomas y de sus tradiciones. Lo que todos tenían en común era la tragedia de ser sobrevivientes de masacres.

El Terror de Estado implantado en Guatemala desde los años 50’ en Guatemala aniquiló la vida de las comunidades indígenas. La voracidad en contra de los pueblos originarios se inició quinientos años atrás y todavía destruye salvajemente la tierra y la cultura de la gente de Guatemala. Las víctimas de violaciones de derechos humanos son incalculables, pero a manera de referenciar la calamidad y la seriedad de este genocidio contra la población civil se acepta, generalmente, la cifra de medio millón de personas “desaparecidas” en las últimas cinco décadas como consecuencia de violencia política. El número de gente desplazada y exilada de Guatemala es desconocido y no registrado.

Teniendo estas realidades en consideración Dina, Claudia Verenice y yo comenzamos este proyecto compartiendo con los integrantes de este grupo el trabajo de muralismo que hemos venido desarrollando en El Salvador.

Estábamos todos alojados en el mismo hotel lo cual facilitó la comunicación. Todos íbamos y veníamos como un gran grupo. Necesitábamos la asistencias de las interpretes. Los idiomas que nuestros compañeros Guatemaltecos hablaban traían palabras y sonidos hablados mucho antes de que Colón llegara a nuestro continente. Hablaban Achi, Quiche, Kaktchikel, Kanjobal y Mam. A pesar de que la mayoría de los participantes entendía Castellano, elegían hablarnos a través de sus traductores, regalándonos el privilegio enorme de escuchar la música de sus idiomas.

Un domingo por la noche nos reunimos en un cuarto del hotel. Todos ellos y nosotras tres frente a una pantalla para ver el arte de Morazán. Describíamos, en particular, el mural de El Mozote, por su semejanza a su propia historia como sobrevivientes de masacres. Estaban conmovidos. Estaban sorprendidos de saber que había masacres en otros lugares. Hasta ese momento habían pensado que las humillaciones y el daño que habían sufrido sus comunidades era único. Trajo mucha tristeza saber que iguales maldades y tragedias se dispersan por todo el mapa de nuestra América doliente.

El lunes por la mañana comenzamos a desarrollar las primeras ideas que partían de una primera pregunta fundamental:

– “Que les gustaría decir en este mural? – Piensen en el mural como si fueran las páginas de un libro de Historia, Que historia les gustaría contar a sus familias, a sus comunidades, al resto del mundo?”

Estaban silenciosos. Atentos.

Algunos de ellos, preocupados, dijeron que no podían leer ni escribir. Les aseguramos que las palabras no eran necesarias. Estábamos escribiendo las páginas de esta gran libro de historia en la forma de un mural, con imágenes que provenían de la memoria.

“Que memorias querían compartir?”

Nos preguntaban si las memorias tenían que ser “felices” o “tristes”?

Les explicamos que eso lo deberían decidir ellos mismos.

Es importante mencionar que ninguno de los participantes de este proyecto había tenido experiencia previa en la creación de arte de este tipo. Sin embargo, nosotros señalamos la maravilla de las creaciones textiles que son su impronta artística. Esta referencia ayudó para que el grupo se focalizara en la creación de las primeras imágenes sin miedo y sin confusión. Se acercaban a la tela en blanco con la decisión de quien conoce muy bien el espacio que se va a poblar de color y de símbolos.

Nosotras tres estábamos perplejas siendo testigos de la capacidad que estos compañeros tenían de seleccionar imágenes traídas del monumental tapiz de sus memorias. Los dibujos iban aterrizando en las páginas como anclas de episodios. La mayoría de estas reflexiones gráficas eran elocuentemente penosas: helicópteros, gente asesinada por los helicópteros, cosechas incendiadas, casas en llamas, animales muertos, gente escapándose, escondiéndose. Milpas e imágenes de su vida diaria.

Papeles y lápices, plumones y colores iban definiendo el mapa de sus historias que se evidenciaba táctil y personal causando que algunas señoras no pudieran contener sus llantos mientras dibujaban. Las que no lloraban asistían a las que compartían con nosotros sus lágrimas. Los hombres escribieron un largo poema para ser luego adaptado como la letra de una canción. Las palabras narraban la masacre de Estrella Polar ( Marzo de 1982) en Nebaj y los 12 años en los cuales los pocos sobrevivientes de la masacre vivieron escondidos en la espesura de la jungla. Nos contaban lo duro que había sido sobrevivir sin sal.

La conferencia y el mural se desarrollarían en el Centro de la Cooperación Española, un edificio colonial hermoso que una vez fue un convento. El mural sería pintado sobre una superficie flexible, sobre tela, permitiendo de esta manera que el trabajo finalizado pudiera viajar a las diferentes comunidades de donde provenían los sobrevivientes de las masacres.

El Martes, transportamos los dibujos a donde estaba localizado el mural. La tela/ manta, estirada en paneles de madera temporarios estaban en una de las galerías bajo los arcos del convento, rodeados de jardines cuidados y perfumados. Los participantes aplicaron una imprimación de gesso sobre la tela familiarizeandose con la vastedad de la obra. La tela extendida medía más de 8 m. de largo por 1,80 m. de alto. La mayoría de los participantes expresaron su preocupación imaginando que no podrían terminar de pintar semejante espacio tan amplio.

Les dijimos: “No tengan miedo! Ya verán que sí pueden!”

Mientras la imprimación de gesso se asentaba, el grupo se concentró en las primeras directivas de como resolver la composición de la obra, decidiendo que imágenes retener de las yá seleccionadas, y cuales irían en la parte central del mural.

Los participantes parecían gravitar hacia una composición dividida en cinco segmentos narrativos, identificando las cinco comunidades de las cuales provenían. Nosotras, artistas de la Escuela de Arte de Perquin, acompañábamos el proceso aclarando dudas y preocupaciones. Interveníamos sólo cuando se nos preguntaba intentando mantenernos al margen de cualquier inclusión temática o estética. Los artistas Guatemaltecos tomaron todas las decisiones compositivas y narrativas.

Don Luis, de Chajul, en un momento se levantó y dijo:

“Hermanos y Hermanas, hasta ahora yo había creído que lo que había pasado en nuestra comunidad de Chajul era una tragedia. Y también pensaba que no había sucedido algo así en otros lugares. Con tristeza, miro ahora, que lo que pasó en Chajul también ha pasado en la tierra de ustedes. Tenemos las mismas memorias. Hemos perdido familiares, nuestros hogares, nuestros hijos. Por esto, yo propongo que pintemos este mural no dividido en cinco partes, por que nuestras historias son las mismas.”

Los participantes estuvieron de acuerdo. La composición se resolvió identificando la parte de la izquierda como el pasado, el centro como el presente y la sección de la derecha sería el futuro.

Las guardas en los bordes del mural fueron creadas observando las abstracciones decorativas de los huipiles de las señoras, que identifican en colores y diseños su lugar de origen. El borde superior aludía a Chimaltenango, el de la derecha y el de la izquierda estaba inspirado en Nebaj y Quiche y el inferior hacía referencia a Rabinal.

La parte izquierda del mural representa una comunidad en llamas. Hay gente atada y en fila, controlada por el ejército, con las manos atadas atrás de la espalda, con sogas. La gente indígena es pequeña en escala, mientras que los hombres del ejército son amenazadores y enormes en proporción a la población civil. Hay pasajes que se dibujan zigzagueando hacia las montañas, caminos secretos y distantes que sólo eran conocidos por los habitantes locales. Cuando la ferocidad de la masacre terminaba con toda la comunidad, algunos hombres y mujeres pudieron acceder a esos lugares de refugio y salvarse. Los niños, en su mayoría, habían perecido. Eran demasiado pequeños para correr y demasiado pesados para ser cargados.

Las pocas personas que sobrevivieron las masacres, ahora estaban pintando el mural. Muy pocos habían quedado vivos.

Los participantes de este proyecto muralístico tenían memorias agudas y claras de todo lo que habían visto.

En el proceso creativo, el grupo de artistas Guatemaltecos comenzaron a notar que Doña Elena era una magnífica diseñadora de helicópteros mientras Don Santiago, era nuestro artista de “paisajismo”. Muchos de ellos, intuitivamente al comienzo y muy concientemente luego, fueron tomando conocimiento de sus talentos, de sus capacidades, reconociendo qué era lo que cada uno de ellos podía hacer mejor. Sin nuestra intervención, iban pidiendo que un helicóptero apareciera en algún lugar del mural, o una plantación de maíz por allá, o un “palito” de cardamomo enfrente de una determinada colina. Allí iba Doña Elena a pintar su helicóptero, Don Santiago viajaba de derecha a izquierda del mural pintando árboles, matitas y flores, y Anabella terminó siendo la pintora de pájaros y plumas. Este intercambio inauguró el aspecto colaborativo del proyecto en el cual las mejores capacidades de cada uno, estaban al servicio de las ideas de todos.

Fue maravilloso ser testigos de estas estrategias de colaboración implementándose y tejiendo una trama bella en una urdimbre de común acuerdo.

Dina, Claudia Verenice y yo asistíamos al grupo ayudando a mezclar los colores, hasta que, por supuesto, ellos descubrieron que los podían mezclar sin nuestra participación. Sin ningún tipo de cautelas, los artistas Guatemaltecos transitaron este primer día de trabajo del mural ( no olvidemos que era solo Martes!) del “nunca haber hecho un mural o una pintura”, a mezclar sus propios colores, eligiendo como aplicarlos, controlando las luces y las sombras, las transparencias y opacidades de los colores y el manejo del espacio anterior y el del fondo.

Doña Elena me sonrió y me dijo: “Los pinceles son como candelas, tienen luz en una punta”.

El Miércoles por la mañana, Dina, Claudia Verenice y yo llegamos a la localidad del mural a las 8:30 de la mañana y encontramos que todos los artistas Guatemaltecos habían llegado más temprano. Habían sacado las cajas de los artículos de arte de donde estaban guardadas y estaban todos pintando, mezclando colores, yendo de un lugar al otro del mural colaborando unos con los otros, creando colores bases para los fondos mientras otros trabajaban afanosamente en la creación de imágenes que iban narrando, visualmente la historia que se abría como páginas tenues en un libro de memoria común.

De vez en cuando, les recomendaba: “Artistas, den unos pasos hacia atrás para ver que hermoso es lo que están haciendo!”

Daban unos pasos hacia atrás y con sorpresa de ver la maravilla que estaban creando, reían y celebraban. E inmediatamente, volvían a su trabajo!

Doña Elena, una señora de 62 años respetada como partera y como “sanadora”, una verdadera líder espiritual de su comunidad en Nebaj, nos contó que ella no había sido partera antes de la masacre. Yo veía que Doña Elena pintaba con una inquebrantable concentración una mujer parturienta asistida por otra mujer que vestía un huipil de Nebaj. Cuando tuve la oportunidad, le pregunté si ella sabía quienes eran esas dos mujeres?

“Cuando el ejército llegó a nuestra comunidad y vimos que nos estaban matando a todos, muchos de nosotros huimos hacia las montañas. Muchos murieron. Otros nos pudimos esconder. Yo corría con uno de mis hijos. Llegué a la cima de la cuesta y me pude esconder. A él lo agarraron. A él lo mataron. Desde donde yo estaba, pude ver su cuerpo que lo echaban al río, la cabeza separada del cuerpo. Escuché gritos, que no eran demasiado altos pero eran gritos de dolor. Me di vuelta y vi a una mujer, unos pasos detrás mío. Ella estaba pariendo . Yo sabía que ya nada podía hacer por mi hijo pero podía ayudar a otro niño a que nazca. Le abrí las piernas a la mujer para sacarle ese hijo que llegaba a este mundo. Por eso me hice partera.”

Un rato después, Elena le pedía a Jacinta que pintara a su hijo a quien habían llevado al río , donde lo decapitaron y lo tiraron a las aguas turbulentas que no dejaban de enrojecerse de violencia. Elena le pidió a Jacinta: “Por favor, píntelo UD con cuidado. Él era un buen muchacho.”

Esa misma tarde, vi que Doña Elena se estaba tocando el cuello, con cuidado. Le pregunté si le dolía y si necesitaba alguna asistencia.

Me dijo:

“Yo no pude correr más y me agarraron. Me colgaron de un árbol y me dejaron balanceándome y me dejaron por muerta en ese árbol. Pero me caí. Por eso me salvé. La soga que me anudaron al cuello dejó estas cicatrices. Me estoy tocando las heridas por que quiero recordar. Quiero pintar lo que pasó ese día.”

Esta revelación contiene una calamidad incalculable. Doña Elena, una mujer que emana sabiduría y compasión, fue colgada de un árbol, la dieron por muerta como una fruta trágica de la locura. Doña Elena se tocaba las cicatrices en el cuello invocando una brújula de penas, que le traía memorias terribles.

Doña Margarita de Chimaltenago, parecía estar rezando. Estaba de rodillas, pintando en el centro del mural. Estaba pintando lo que, a primera vista, parecían cuadrados, uno encima del otro, verticalmente. Estaba llorando calladamente. Me acerqué y le pregunté si la podía ayudar con algo, si podía servirle de asistencia en alguna cosa?

“Éstas que estoy pintando son cajas. Estas son las cajas que nos dan después de las exhumaciones. Estas son las cajas que traen los restos de mis hijos que han muerto en la masacre. Pero todavía tenemos que encontrar otros hijos e hijas. No sabemos donde los han enterrado.”

Doña Margarita pinto las cajas de los restos de sus hijos y también pintó los hijos e hijas asesinados que todavía faltaba hallar. Margarita hacía esto con una agonizante ternura. Cuando hubo terminado, Margarita encerró las cajas y los cuerpos yacentes y sin enterrar con una línea singular que determinó un espacio protegido, una placenta, un vientre, un espacio orgánico de vida y no de muerte.

Cuando Doña Margarita terminó de representar este útero de amor y dolor, se incorporó, se alejó unos pasos estudiando cuidadosamente lo que había emergido del continente de sus recuerdos.

Me dijo: “Ahora quiero pintar un arbolito de chile y uno de limón porque las memorias son picantes y son ácidas.”

El Chile y El Limón devinieron una suerte de “Mantra” entre nosotros, una manera de resumir la incalculable y multifacética constelación del sufrimiento humano y la inimaginable capacidad de resistir; la belleza y la determinación de mantenerse dignos que nuestros amigos Guatemaltecos nos mostraban.

El Jueves por la mañana, los artistas Guatemaltecos que se habían mantenido cautelosos el Martes, y que con timidez habían dicho que no podrían terminar de cubrir con pintura toda la extensión del mural, estaban pidiendo, dos días después, si se podría agregar tela extra para crear una extensión al mural.

La parte derecha del mural representando el futuro se transformó en una fiesta de color donde pintaron una escuela con gran entusiasmo; una niña y un niño en la parte anterior de la obra, vistiendo ropas Mayas, tienen libros en sus manos; hay un lago; un helicóptero pero no de Guerra, sinó de turismo; una iglesia rodeada de gente celebrando las Fiestas Patronales; una marimba y un grupo de músicos; un médico y una mujer embarazada que pintó Doña Elena, quien a esta altura, decía que ella estaba conforme de compartir la responsabilidad de traer niños al mundo en colaboración con un doctor entrenado.

Lo que siempre se espera para el futuro es salud y educación. Ellos merecen educación y tienen derecho a demandar asistencia de salud.

No tienen ni una cosa ni la otra.

Después de tanto sufrir, las comunidades de donde nuestros amigos provenían aún no tienen los servicios más elementales que se merecen y a los cuales tienen derecho de esperar, de pedir o demandar.

El mural se terminó de pintar el Jueves por la tarde, dejándonos a todos sorprendidos de lo que habíamos hecho.

“Artistas, por favor, den un paso atrás y vean que bello es nuestro mural”, les dije.

Todos dimos unos cuantos pasos para atrás pare ver el mural en toda su gloria, una experiencia colaborativa y comunitaria sin precedentes que tomaba la identidad de colores y formas, un libro de historia que narraba eventos terribles culminando en la visión esperanzada de un futuro menos trágico que el pasado que todos ellos compartían.

Que todos compartimos.

Nos quedamos sin poder decir una palabra. Estábamos en silencio, anidando felicidad tan profunda que las palabras no nos pudieron asistir para comunicar las emociones.

Algunos de nosotros lloramos.

Nos abrazamos y nos dimos las gracias unos a los otros teniendo claridad de que nada de lo que había pasado hubiera existido sin la visión comunitaria y colaborativa y sin el ejercicios de la participación en grupo.

Eso constituía, en verdad, el gran suceso del mural.

La conferencia tendría su acto de clausura el Viernes por la tarde. Inicialmente, los artistas Guatemaltecos habían decidido no hablar públicamente, lo cual nosotras entendimos y respetamos. Pero, el último día del evento, los artistas Guatemaltecos cambiaron de idea. Ahora querían presentar el mural al público. Habían designado a Domingo de Nebaj y a Anabella de Rabinal para representar al grupo cuando se hablara del trabajo muralistico.

Pidieron que el mural se cambiara de ubicación a un punto más visible y prominente. El mural, que había sido creado en una superficie flexible ( tela/ manta) pudo ser desmontado de donde había estado hasta ese momento y transportado al centro del edificio, colgando desde los balcones del segundo piso hacia al patio interior del predio dejando ver el mural en toda su magnitud.

Hay momentos únicos en la vida cuando los instantes fugitivos se aglomeran en forma de luz, como diamantes de verdad.

Esta fue una de esas instancias. Domingo y Anabella hablaron. El resto de los artistas Guatemaltecos, estaban parados atrás de ellos en semicírculo, como un coro Griego, haciendo eco con su presencia el haber sido testigos de las masacres. Ellos contaron a la abultada audiencia que se había congregado frente al mural lo importante que había sido para ellos haber participado en este proyecto comunitario y colaborativo. Contaron que habían aprendido a hablar de cosas terribles a través de la belleza.

Y por eso, nos agradecían.

Más de doscientas personas que venían de todas partes del mundo, participantes de la conferencia, celebraban el mural como unos de los logros de los cinco días de trabajo en este evento. Felicitaban a los artistas Guatemaltecos y les pedían autorización para fotografiarlos a ellos y a su obra.

Al final del día, los artistas Guatemaltecos en grupo o individualmente se nos acercaron a Dina, a Claudia Verenice y a mí para pedirnos que creáramos escuelas de arte en sus comunidades.

Anabella, que es no sólo sobreviviente de una masacre sino también sobreviviente de violencia sexual como resultante del terror de estado, nos dijo:
“Nosotras estamos ahora en el momento en que tenemos que contarles a nuestras hijas lo que nos ha pasado. Por favor, vengan a Rabinal. Nosotras queremos aprender como hablar de cosas terribles con la belleza que nos han enseñado. Vengan a Rabinal a crear una escuela de arte como la que tienen en Perquin.”

Les dijimos que lo haríamos.

El mural estaba ahora listo para viajar. Por lotería se determinó que se mostraría primero en Rabinal y de ahí viajaría a las otras comunidades.

Al comienzo de Abril, supimos por nuestra amiga Lydia Yok que la presentación del mural en Rabinal había sido un suceso absoluto. La recepción de esta obra había superado todas las expectativas. El problema era, ahora, transportarlo a otras comunidades por que se habían reportado amenazas.

El proceso de paz en Guatemala es precario. Este episodio demuestra la fractura de los procesos hacia la justicia. Nuestros amigos artistas de Guatemala son poseedores de un enorme coraje. Se atrevieron a llegar a Antigua en Febrero de 2007 para compartir con nosotros su verdad, como páginas de un libro de historia hecho de memorias, de color y de “candelas” que tiene luz en una punta.

Ha sido un honor haber conocido a este grupo de artistas Guatemaltecos con quienes hemos podido trabajar en común y en colaboración junto con nuestros amigos de ECAP. Nos mantenemos firmes en nuestra propuesta de volver a las comunidades Guatemaltecas para plantar las semillas de otraEscuela de Arte y Taller Abierto con el modelo de la que ya existe en Perquin.

Muchas gracias por invitarnos a compartir la magia y la ternura del arte con todos ustedes.

Claudia Bernardi
Perquin, El Salvador, 2007.

Por favor visite la página de fotos para ver fotos del mural.

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